jueves, 13 de junio de 2013


SÁBADO 9 DE FEBRERO DE 2013.

PARTIDO YONMOÑACO - BALLMASTER (5 - 2).

PARTIDO YONMOÑACO - LOS DEL BARCO (1 - 3)

CRÓNICA ESCRITA POR EL VERÍDICO.


Apreciada concurrencia:

Como es materialmente imposible que se hayan aburrido de leerme, denunciaré en este inicio a Juanra y a Pablo, y los emplazaré a que diriman sus soterradas disensiones en pro del equipo.

Dicho esto, si ustedes no escuchan un relato épico, será debido a la impericia del cronista y no a la historia del encuentro. El tibio sol de febrero desnudaba la principal carencia de Yonmoñaco este año y que pone en peligro su continuidad para el próximo: la escasísima participación. A Cachuli, Llámame y Natillas se les unió con su consabida tardanza Phalo Corto. Algún integrante se había caído de la convocatoria, y nos apenaba que Ballmaster, uno de los pocos equipos ganables, fuera a llevarse el gato al agua (expresión muy de moda entre las televisiones de derechas) por falta de efectivos.

Ahora bien, si repartes la gloria entre menos gente, a más toca, como así ocurrió. Para paliar nuestra inferioridad numérica, invitamos a un primo de Paquirrín a jugar con nosotros. En un principio accedió, pero instantes antes de comenzar el partido decidió encenderse un pitillo y llamar por teléfono a sus primos de las 3000 Viviendas, luego empezamos uno menos. Con Phalo Corto guardando el marco, Llámame por la derecha, Cachuli por el centro y Natillas por la izquierda formaban una línea defensiva nada rígida, sino tentacular, saliendo el de su zona a por el balón, flotando, sin entrar a la bola, y manteniendo el resto su posición. Aun ejecutando esto a la perfección y absolutamente concentrados, nos colaron el primero, porque cuando te acercas mucho a tu propia área, sueles ocluir la visión a tu portero.

Sin embargo, el hecho diferencial del partido tuvo lugar a continuación. Sin haber escarmentado por el final de la temporada anterior, nos permitieron incorporar a uno del equipo de los colegiados, de nombre Hugo. A diferencia de nosotros, sabía qué hacer con el balón. En una aproximación por la izquierda, Cachuli se hizo hueco de disparo, y aunque Natillas le reprochase que se había dejado la uña, la coló rotunda al segundo palo. Empero, si a nuestras paupérrimas condiciones futbolísticas le unimos la mala suerte, lo lógico es que encajásemos más tantos. Hugo envenenó un chut, y Phalo Corto no pudo atajarlo. Por fortuna, Cachuli estaba de dulce ese sábado. A sugerencia de Llámame, quien había reparado que el guardavallas contrario sólo tenía de portero que llevaba guantes, tiró casi desde Ayamonte, y la bola se coló mansa y rasita cerca del primer palo. El empate les alteró, y además no les dejamos rehacerse. Hugo, con certero criterio y excesiva educación, apeló a nuestra idiosincrasia y propuso aguantar atrás y salir escopeteados en cuanto fuera posible. Esta táctica, además, ahorra energías.

Llámame pasó en largo a nuestro punta, Hugo, quien se encargó de materializar la asistencia para ponernos en franquía. El propio Llámame inauguraría por fin su casillero este curso con el cuarto tanto. Phalo Corto lanzó un globo a la espalda de la defensa, Llámame controló con la derecha, aguantó la embestida del central y una vez ganada la posición, la embocó suave al ángulo largo. El fichaje estrella, Hugo, se encargó de poner el definitivo 5-2 en el tanteador en una jugada personal.

La satisfacción por el primer triunfo de la temporada, y encima en condiciones adversas, fue inusitada y emocionante sobremanera. La victoria es la mejor droga, y te deja con esa carilla seráfica de felicidad mucho tiempo después del pitido final. Así pues, loor a los héroes que nos la trajeron.

Con la columna de PG estrenada, poco importaba ya que la organización hubiese programado una segunda confrontación a renglón seguido con Los del Barco. Contamos con una presencia inesperada, el Repentino, haciendo honor a su apelativo. Tan metidos en la dinámica positiva estábamos que no acusamos el cansancio e incluso nos adelantábamos. Cachuli y Natillas estuvieron soberbios, sin más relevo que intercambiarse cierre y lateral zurdo. Como el fútbol es un juego de listos, Llámame estuvo sorprendentemente más avispado que los rivales, y sacó de banda con la diestra a un Repentino libre de marca, quien no perdonó. No obstante, la calidad y juventud de los contrarios acabaron por imponerse, sin que Phalo Corto pudiera contenerles (una por su apodo, otra en la que decidió no sustituir su cuero cabelludo por el del balón y la última de propina), a pesar de haber realizado varias paradas de mérito.

Ese 3-1 no borró el recuerdo del primer partido, y las caras en el tercer tiempo eran de satisfacción por la concentración y sacrificio desplegados, los cuales (ya era hora) nos habían dado los primeros puntos de la temporada. ¡Compañeros, orgulloso me hallo de vosotros!

“No creo que vaya a ver los entrenamientos de mi hijo. Ni siquiera iba a los míos.” (Romario)

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