SÁBADO 9 DE FEBRERO
DE 2013.
PARTIDO YONMOÑACO -
BALLMASTER (5 - 2).
PARTIDO YONMOÑACO -
LOS DEL BARCO (1 - 3)
CRÓNICA ESCRITA POR
EL VERÍDICO.
Apreciada concurrencia:
Como es materialmente
imposible que se hayan aburrido de leerme, denunciaré en este inicio a Juanra y
a Pablo, y los emplazaré a que diriman sus soterradas disensiones en pro del
equipo.
Dicho esto, si ustedes
no escuchan un relato épico, será debido a la impericia del cronista y no a la
historia del encuentro. El tibio sol de febrero desnudaba la principal carencia
de Yonmoñaco este año y que pone en peligro su continuidad para el próximo: la
escasísima participación. A Cachuli, Llámame y Natillas se les unió con su
consabida tardanza Phalo Corto. Algún integrante se había caído de la
convocatoria, y nos apenaba que Ballmaster, uno de los pocos equipos ganables,
fuera a llevarse el gato al agua (expresión muy de moda entre las televisiones
de derechas) por falta de efectivos.
Ahora bien, si repartes
la gloria entre menos gente, a más toca, como así ocurrió. Para paliar nuestra
inferioridad numérica, invitamos a un primo de Paquirrín a jugar con nosotros.
En un principio accedió, pero instantes antes de comenzar el partido decidió
encenderse un pitillo y llamar por teléfono a sus primos de las 3000 Viviendas,
luego empezamos uno menos. Con Phalo Corto guardando el marco, Llámame por la
derecha, Cachuli por el centro y Natillas por la izquierda formaban una línea
defensiva nada rígida, sino tentacular, saliendo el de su zona a por el balón,
flotando, sin entrar a la bola, y manteniendo el resto su posición. Aun
ejecutando esto a la perfección y absolutamente concentrados, nos colaron el
primero, porque cuando te acercas mucho a tu propia área, sueles ocluir la
visión a tu portero.
Sin embargo, el hecho
diferencial del partido tuvo lugar a continuación. Sin haber escarmentado por
el final de la temporada anterior, nos permitieron incorporar a uno del equipo de
los colegiados, de nombre Hugo. A diferencia de nosotros, sabía qué hacer con
el balón. En una aproximación por la izquierda, Cachuli se hizo hueco de
disparo, y aunque Natillas le reprochase que se había dejado la uña, la coló
rotunda al segundo palo. Empero, si a nuestras paupérrimas condiciones
futbolísticas le unimos la mala suerte, lo lógico es que encajásemos más
tantos. Hugo envenenó un chut, y Phalo Corto no pudo atajarlo. Por fortuna,
Cachuli estaba de dulce ese sábado. A sugerencia de Llámame, quien había
reparado que el guardavallas contrario sólo tenía de portero que llevaba
guantes, tiró casi desde Ayamonte, y la bola se coló mansa y rasita cerca del
primer palo. El empate les alteró, y además no les dejamos rehacerse. Hugo, con
certero criterio y excesiva educación, apeló a nuestra idiosincrasia y propuso
aguantar atrás y salir escopeteados en cuanto fuera posible. Esta táctica,
además, ahorra energías.
Llámame pasó en largo a
nuestro punta, Hugo, quien se encargó de materializar la asistencia para
ponernos en franquía. El propio Llámame inauguraría por fin su casillero este
curso con el cuarto tanto. Phalo Corto lanzó un globo a la espalda de la
defensa, Llámame controló con la derecha, aguantó la embestida del central y
una vez ganada la posición, la embocó suave al ángulo largo. El fichaje
estrella, Hugo, se encargó de poner el definitivo 5-2 en el tanteador en una
jugada personal.
La satisfacción por el
primer triunfo de la temporada, y encima en condiciones adversas, fue inusitada
y emocionante sobremanera. La victoria es la mejor droga, y te deja con esa
carilla seráfica de felicidad mucho tiempo después del pitido final. Así pues,
loor a los héroes que nos la trajeron.
Con la columna de PG
estrenada, poco importaba ya que la organización hubiese programado una segunda
confrontación a renglón seguido con Los del Barco. Contamos con una presencia
inesperada, el Repentino, haciendo honor a su apelativo. Tan metidos en la
dinámica positiva estábamos que no acusamos el cansancio e incluso nos
adelantábamos. Cachuli y Natillas estuvieron soberbios, sin más relevo que
intercambiarse cierre y lateral zurdo. Como el fútbol es un juego de listos,
Llámame estuvo sorprendentemente más avispado que los rivales, y sacó de banda
con la diestra a un Repentino libre de marca, quien no perdonó. No obstante, la
calidad y juventud de los contrarios acabaron por imponerse, sin que Phalo
Corto pudiera contenerles (una por su apodo, otra en la que decidió no
sustituir su cuero cabelludo por el del balón y la última de propina), a pesar
de haber realizado varias paradas de mérito.
Ese 3-1 no borró el
recuerdo del primer partido, y las caras en el tercer tiempo eran de
satisfacción por la concentración y sacrificio desplegados, los cuales (ya era
hora) nos habían dado los primeros puntos de la temporada. ¡Compañeros,
orgulloso me hallo de vosotros!
“No creo que vaya a ver
los entrenamientos de mi hijo. Ni siquiera iba a los míos.” (Romario)
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