PARTIDO YONMOÑACO -
LOS BONIS (3 - 1). SÁBADO 26 DE ENERO DE DE 2013.
CRÓNICA "ALTERNATIVA"
ESCRITA POR LA PRESIDENCIA.
Hemos
vuelto.
Después
de un partido inicial frío y desapacible, que nos condenaba al propósito de
enmienda, hemos vuelto.
Un
sol tibio alumbraba el día, nos ha puesto de buen humor y ha sido suficiente
para conectar una vez más con nuestro espíritu guerrero e irreductible.
Vuelta
a la defensa numantina, aguerrida, férrea. Vuelta al cerrojazo y las ayudas a
muerte. Vuelta al contraataque cerril, como si no hubiera un mañana.
Este
es mi equipo, sí señor.
Con
esta actitud, nuestro portero se tira al suelo como si el patio estuviera alfombrado
de billetes de 500 euros.
Con
esta actitud, nuestros delanteros apuntan a portería como francotiradores en
Stalingrado.
Con
esta actitud, el resto de jugadores se mueven como bailarinas del Bolshoi, y el
balón se mueve más rápido que una metálica bola de pin-ball.
Sorprendimos a nuestro oponente desde el
principio. En muchas ocasiones, nuestros adversarios, confiados en nuestra
sempiterna baja forma física, deciden presentarse sin cambios, para jugar todo
el partido.
Después
de muchas campañas hemos aprendido a detectar esta actitud (por lo evidente de
la presencia de sólo 5 jugadores contrarios) y, lo que es más, a relacionarla
con la categoría balompédica de nuestro rival.
Los
Bonis son un rival que está por encima de nosotros en la clasificación, pero no
demasiado lejos (lo cual no dice mucho en su favor). De esta manera, identificamos
una oportunidad con el mismo angustiante anhelo del lobo antes de la caza.
Y
salimos a aprovecharla. Y lo hicimos.
El
primer tiempo fue un muestrario de todos las virtudes de nuestro equipo.
Ocultamos bien nuestras carencias y aprovechamos la confusión y la incredulidad
del rival para golpear rápida y certeramente.
Para
cuando el primer tiempo terminó, ya nos aupábamos 2 - 0 en el marcador.
El
segundo tiempo fue otro cantar. Muestras menguadas fuerzas nos hicieron recular
para defender nuestro resultado. El Equipo rival salió en tromba para
apabullarnos con una ofensiva sin cuartel. Buscaban acortar distancias
rápidamente, y lo consiguieron.
NO
obstante, nuestra veteranía empieza a manifestarse cada vez más como una
virtud, y devolvimos el golpe de inmediato: 3 - 1.
Este
resultado se mantuvo hasta el pitido final. Y es que cuando estamos
concentrados y con un resultado favorable, nuestro cerrojazo se vuelve una
fortaleza casi inexpugnable.
Nos
bajamos al Chaminade, como de costumbre. Celebramos la victoria con cerveza y hamburguesas.
Por
cierto, este final comienza a parecerse a la
viñeta final de las Aventuras de Astérix y Obélix. No me importa, con
tal de que no se cuelgue al bardo de un árbol, lejos del banquete.
Bueno,
quizá se podría colgar a El Verídico... por el asunto de las patatas, más que
nada...
Volveremos
con más y mejor.
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