PARTIDO
TITANES - YONMOÑACO (0 - 1). SÁBADO 23 DE FEBRERO DE 2013.
CRÓNICA
"ALTERNATIVA" ESCRITA POR AL - MUÑECO.
Tarde gélida y cielo abierto a nuestra
tradicional llegada al campo…
Se
disputaba el último partido de la primera vuelta de la Liga AAA, a la que Standard & Poor's está valorando
degradar un escalón. Nos enfrentábamos a un equipo de Titanes, que según la RAE
son aquellas personas de excepcional fuerza que sobresalen en algún aspecto; concretamente
en goles encajados (9 por partido, de media). A su favor tenían, no obstante,
la juventud y nuestra no menos titánica capacidad goleadora, un gol por
encuentro.
Pero no adelantemos acontecimientos.
Presidencia y Oposición se saludaron cortésmente en el
preámbulo del partido, como no podía ser de otra forma, pues en asuntos de
interés general no hay desavenencias posibles entre los miembros del equipo,
como suele ocurrir en otros ámbitos de la vida donde el raciocinio se encuentra
menos desarrollado, como es el caso de la política. Como dijo aquel: “Nos están
dejando el país hecho unos zorros, pero nos están quedando unos chistes
buenísimos…”.
Veníamos motivados por la última victoria del equipo que
sirvió para romper una mala racha, también llamada vida. La organización se
percató de que ya había suficientes nardos en el campo y, con buen juicio,
decidió in extremis cambiar el partido de pista.
Acudimos
a la llamada del doodle: Phalo Corto en la portería, Llámame Natillas como
laterales (perdón, Llámame y Natillas), nuestro tenor más internacional, Il
Divo, de cierre y en punta de ataque, es decir, en punta, Al-Muñeco y
Chocolatero, reciclado este último como lateral por decisión técnica. Un
cambio, en definitiva, para un partido crucial, frente al carrusel de jugadores
noveles que el equipo rival esgrimía en el banquillo.
La
estrategia inicial corrió a cargo de la Portavocía de la Presidencia, quien nos
hizo notar la lesión en una pierna que el guardameta rival arrastraba desde su
último partido: “tiros bajos, que no se puede mover bien”.
Las
buenas relaciones institucionales dentro del equipo dieron pronto sus frutos: sorteo
inicial ganado y, a petición de la Presidencia, cambio de campo que desconcertó
a nuestros rivales. Tanto fue así que, a los dos minutos de partido, un balón
en la frontal dividido fue aprovechado por Al-Muñeco quien, abstrayéndose
momentáneamente de su mote, lanzó un disparo raso ajustado al palo el cual,
tras parada inicial del guardameta rival, entró llorando por el arco. 1 – 0 y
Zamora de portero.
Nuestros
rivales no se dejaron amilanar e impusieron un ritmo frenético al partido, con
pases rápidos, diagonales hacia el interior y desbordes por las bandas, lo que
propició la primera tarjeta amarilla del encuentro para Chocolatero, cuya falta
previa al borde de la frontal invalidó el posterior gol rival. “¡Ya es mala
suerte!, ¡para uno que metemos!” se dejó sentir por el campo…
Nuestro
guardameta, muy seguro y atento a lo largo de todo el encuentro, realizó sus clásicas
tres o cuatro paradas de mérito que iban poco a poco minando la confianza de
nuestros rivales, empecinados durante la primera parte en lanzamientos lejanos
sin peligro aparente. Por nuestra parte: un par de contras, alguna Porto –
Musso mal finalizada y varios pases largos al punta, con idéntico resultado.
Al
descanso el Presidente se encargó de corregir los defectos de posicionamiento
del equipo en defensa: “un poquito más juntos todos, por favor”, y en ataque: “dejamos
de tirar raso y tiramos dentro”, que tras algunas críticas vertidas por parte
de la Oposición, relacionadas con la rigidez de la proposición, se quedó en
“dejamos de tirar raso y, cuando salga el portero, la subimos un poco”.
Acordado
este punto, y como el que no se consuela es porque no quiere, dio inicio la
segunda parte atacando en sombra, es decir, con el sol de frente. La estrategia
rival varió radicalmente, presión en casi todo el campo, juego enérgico y a
mover banquillo. Esto limitó nuestra capacidad de ataque en estático pero
reforzó la peligrosidad de nuestros contragolpes que una y otra vez chocaban
con nuestra poca acertada decisión en el denominado “último pase” o con el
muñeco rival, pese a seguir a rajatabla las instrucciones de hacer levitar la
bola…
Se
iba a sufrir hasta el final. Nuestra posesión menguó y el partido se endureció,
tras algunas decisiones arbitrales poco acertadas, culminando con una segunda
tarjeta amarilla a Chocolatero por rematar, desde el centro del campo, a un
rival en vez de a la bola. Quedaban 5 minutos y no había cambios posibles.
Pero
cuando la bola es nuestra enemiga, el “catenaccio” es el elemento inspirador en
el que apoyarnos. Es nuestra luz en el túnel, nuestro comodín de la llamada, nuestra
estrella de Belén, en definitiva, es lo que se nos da bien. El pitido final fue
un bálsamo que nos consolida, momentáneamente, en el antepenúltimo puesto de la
tabla.
"¿Un rival sin interés atacante? Es
como intentar hacer el amor con un árbol." (Jorge Valdano)
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