martes, 10 de junio de 2014

PARTIDO SOLFAMIDAS - YONMOÑACO (5 - 1). SÁBADO 9 DE NOVIEMBRE DE 2013.
CRÓNICA ESCRITA POR "EL VERÍDICO".

Apreciados seguidores de Yonmoñaco:

Casto Méndez Núñez comandaba la escuadra española en una expedición de castigo a nuestras antiguas colonias allá por la década de 1860. Iban a bombardear El Callao, y cuando le advirtieron que era poco prudente acercarse más a la costa con las naves, repuso “Prefiero honra sin barcos que barcos sin honra”. 

Afortunadamente para nuestra Marina, conservó honra y barcos; Yonmoñaco, sólo la honra.

Jugábamos contra Solfamidas, un nombre no sé si inspirado en la química o en la música. Comparecimos numerosos efectivos: Phalo-Corto (25 minutos después de la hora a la que él mismo nos convocó), Chocolatero (pre-merienda), Javi Lorente (al que habrá que buscar mote), Cachuli (después y antes de CosmoCaixa), Natillas (o Triglicéridos), Sete (el gladiador), Juanra (sin barco) y Llámame (intentando recuperar costumbres sabatinas).

Comenzó el partido sin demasiados agobios, forzándoles a disparos lejanos que carecían de efectividad. Además, hacíamos nuestros pinitos arriba, intentando combinar. Recurrimos al saque largo del portero, con Sete fajándose y los alas intentando doblarle. Sin embargo, un despeje no demasiado contundente y la falta de visibilidad de nuestro portero propiciaron su primer gol. Una subida en tromba que nos dejó vendidos ante su contraataque ocasionó el segundo gol. Pudimos reducir distancias con una subida a lo Belauste en Amberes 1920 de Cachuli, mas quiso recordar, eso sí, con muy sonora contundencia, a nuestro esclarecido y ausente delantero. Hay que consignar un balón agarrado por nuestro guardavallas saliendo raudo frente a su delantero, el cual saltó y no cayó del todo en blando. Sus exageradas muestras de dolor y la rigidez en una pierna nos hicieron temer consecuencias más graves, pero se quedó en un homenaje a la recién desaparecida Amparo Rivelles. Pegaron consecutivamente al palo justo en el mismo punto, lo que no deja de ser meritorio. Nos fuimos al descanso con sensación de que no merecíamos ese castigo y nos conjuramos para la remontada.

Lamentablemente, no pasó de la de Ignatius T. Reilly, y al poquito de la reanudación llegó su tercero, y no mucho después el cuarto, donde también estaba tapado el portero. Cualquier otro equipo se hubiera hundido con el quinto, pero Yonmoñaco redobló sus esfuerzos, fruto de los cuales los acorralamos. Llegaron las ocasiones: Llámame en dos voleas (una al limbo y otra, sorprendentemente plástica, contra un defensa), Sete en su tenaz pugna y, por fin, el gol del honor del Natillas, mucho más ligero esta semana.

Tuvimos que tomarnos cuatro tercios en Chaminade para igualar el tanteador. El “núcleo duro” apreció, como elementos positivos, algo más de fluidez en la circulación de la bola, que no nos creasen peligro en los saques de esquina y el potencial de Javi Lorente a medida que acabe de integrarse.

Concluyo, obviamente, con la frase que antes he insinuado y que dio origen al apelativo de “furia española”, que no es otra que “¡A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo!”.


PD de la PRESIDENCIA: de nuevo el resultado que oficialmente se consigna por la Organizacón es de un 7 – 1 a favor de los Solfamidas. En este caso, dada la absoluta, largamente acreditada y acrisolada fidelidad en el relato de este cronista excepcional, esta PRESIDENCIA otorga toda credibilidad al contenido de esta crónica.

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