PARTIDO SOLFAMIDAS -
YONMOÑACO (5 - 1). SÁBADO 9 DE NOVIEMBRE DE 2013.
CRÓNICA ESCRITA POR
"EL VERÍDICO".
Apreciados seguidores de Yonmoñaco:
Casto Méndez Núñez comandaba la escuadra española en una expedición de
castigo a nuestras antiguas colonias allá por la década de 1860. Iban a
bombardear El Callao, y cuando le advirtieron que era poco prudente acercarse
más a la costa con las naves, repuso “Prefiero honra sin barcos que barcos sin
honra”.
Afortunadamente para nuestra Marina, conservó honra y barcos;
Yonmoñaco, sólo la honra.
Jugábamos contra Solfamidas, un nombre no sé si inspirado en la química o
en la música. Comparecimos numerosos efectivos: Phalo-Corto (25 minutos después
de la hora a la que él mismo nos convocó), Chocolatero (pre-merienda), Javi
Lorente (al que habrá que buscar mote), Cachuli (después y antes de
CosmoCaixa), Natillas (o Triglicéridos), Sete (el gladiador), Juanra (sin barco)
y Llámame (intentando recuperar costumbres sabatinas).
Comenzó el partido sin demasiados agobios, forzándoles a disparos lejanos
que carecían de efectividad. Además, hacíamos nuestros pinitos arriba,
intentando combinar. Recurrimos al saque largo del portero, con Sete fajándose
y los alas intentando doblarle. Sin embargo, un despeje no demasiado
contundente y la falta de visibilidad de nuestro portero propiciaron su primer
gol. Una subida en tromba que nos dejó vendidos ante su contraataque ocasionó el
segundo gol. Pudimos reducir distancias con una subida a lo Belauste en Amberes
1920 de Cachuli, mas quiso recordar, eso sí, con muy sonora contundencia, a
nuestro esclarecido y ausente delantero. Hay que consignar un balón agarrado
por nuestro guardavallas saliendo raudo frente a su delantero, el cual saltó y
no cayó del todo en blando. Sus exageradas muestras de dolor y la rigidez en
una pierna nos hicieron temer consecuencias más graves, pero se quedó en un
homenaje a la recién desaparecida Amparo Rivelles. Pegaron consecutivamente al
palo justo en el mismo punto, lo que no deja de ser meritorio. Nos fuimos al
descanso con sensación de que no merecíamos ese castigo y nos conjuramos para
la remontada.
Lamentablemente, no pasó de la de Ignatius T. Reilly, y al poquito de la
reanudación llegó su tercero, y no mucho después el cuarto, donde también
estaba tapado el portero. Cualquier otro equipo se hubiera hundido con el
quinto, pero Yonmoñaco redobló sus esfuerzos, fruto de los cuales los
acorralamos. Llegaron las ocasiones: Llámame en dos voleas (una al limbo y
otra, sorprendentemente plástica, contra un defensa), Sete en su tenaz pugna y,
por fin, el gol del honor del Natillas, mucho más ligero esta semana.
Tuvimos que tomarnos cuatro tercios en Chaminade para igualar el tanteador.
El “núcleo duro” apreció, como elementos positivos, algo más de fluidez en la
circulación de la bola, que no nos creasen peligro en los saques de esquina y
el potencial de Javi Lorente a medida que acabe de integrarse.
Concluyo, obviamente, con la frase que antes he insinuado y que dio origen
al apelativo de “furia española”, que no es otra que “¡A mí el pelotón, Sabino,
que los arrollo!”.
PD
de la PRESIDENCIA: de nuevo el resultado que oficialmente se consigna por la
Organizacón es de un 7 – 1 a favor de los Solfamidas. En este caso, dada la
absoluta, largamente acreditada y acrisolada fidelidad en el relato de este
cronista excepcional, esta PRESIDENCIA otorga toda credibilidad al contenido de
esta crónica.
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