PARTIDO LOS BONIS - YONMOÑACO (5 - 0). SÁBADO 1 DE FEBRERO DE 2014.
CRÓNICA ESCRITA POR "AL - MUÑECO".
Tarde gélida y ánimos crispados a
nuestras sendas llegadas al campo…
Gélida
en la primera de ellas a pesar de jugar en interior, como las plantas. Precedió
al partido una convocatoria atípica, con nuestro Presidente incumpliendo su
programa electoral una vez más, sepa Dios dónde y haciendo qué, nuestra
Capitanía esquiando (por el bien del equipo, se entiende…), la Oposición dignándose
por fin a jugar un partido cuando ya se la daba por pérdida (sí Antonio, estoy
usurpando tus funciones) y, en general, la impresión de una falta de
continuidad en el buen hacer que debería desembocar, irremediablemente, en una
convocatoria anticipada de elecciones…
Tras
este sucinto discurso que medio me traía preparado de casa, y que hubiese
metido con calzador en cualquier caso, paso a narrar los acontecimientos más
reseñables de la jornada procurando no incurrir, por deferencia al lector, en
las frecuentes reiteraciones “elianas”, que tanto daño hacen a la prosa
narrativa.
Conformaron
el equipo inicial (que no ideal, si es que existe), un rejuvenecido Antiguo
Régimen bajo palos, la Portavocía de la Presidencia en banda derecha (como
acostumbra), Robert (provechoso a la par que engañado fichaje de Manolo) de
cierre, El Heredero (aquel que está llamado a ser…, si su equipo de verdad se
lo permite) en banda izquierda y la cada vez más blanda, menguada, paupérrima,
lastimera, endeble y venida a menos Oposición en punta de ataque (de risa).
Completaban
la alineación de centrobanquistas Chocolatero a la Izquierda (por aquello de la
asociación de ideas), Eliot-Máster (quien se incorporó en la segunda parte
aquejado de los achaques propios de la edad) y nuestro Divo, que tras la
conexión de más de 30 horitas Australia – España – Alemania – España gana
puntos para obtener la insignia de oro y brillantes del equipo.
En
rigor, el partido no se podría calificar de malo, ni tan siquiera de mediocre.
De hecho, es posiblemente uno de los mejores lances de la temporada, con un
porcentaje de posesión de balón por encima de lo acostumbrado y una más que
aceptable circulación del mismo, salpimentada con detalles técnicos, la mayoría
de los cuales procedentes de nuestra reciente incorporación, Robert, que tras
jugar un partido por la mañana tuvo la deferencia de echarse unas carreras con
nosotros antes de su partido de la tarde.
El
Antiguo Régimen tiene que explicar muchas cosas, y no sólo las cuentas como
acostumbraba a hacer en tiempos pretéritos, por ejemplo, y dicho sea con el
mayor de los respectos posibles, ¿por qué cojones no está este tío fichado
desde hace años?. Seguramente la respuesta haya que buscarla en la cara de
estupefacción que puso el susodicho cuando se enteró del sistema de juego del
equipo y de los resultados arrastrados en la presente temporada. Desde la época
del Dioni no había visto una artimaña mejor urdida. Felicidades a Manolo.
Como
iba diciendo, la primera parte transcurrió entre intentos de penetración del
equipo rival en nuestro área, bien solventados en líneas generales por nuestra
férrea defensa (con Alberto a la cabeza), y tiros lejanos con bastante peligro que
en su mayor parte fueron atajados por nuestro “guardaphalos”, quien se mostró muy
seguro bajo el arco. Por nuestra parte, las ocasiones de mayor significancia
consistieron en un robo en campo rival de Al-muñeco, que se precipitó en
disparar a puerta semivacía con poca potencia (el ansia viva, que diría José
Mota), una palanquita de idéntica firma y resultado y un pase cruzado de Robert
a Ale quien, en noble estirada, no llega a rematar por poco. También se debe
resaltar, sin duda, la energía en el juego de Miguel, para quien el detallito
de la descompensación horaria (también llamado “jet lag”) no parece aplicar.
T
ranscurrida
la mitad de la primera parte, una buena circulación de bola del equipo rival
terminó en un pase rápido hacia el jugador ubicado en la frontal izquierda del
área quien, de tacón y al primer toque, prolongó el esférico hacia el interior
del semicírculo donde el punta estuvo atento para recibir y finalizar con
precisión. Antes del descanso llegaría el segundo gol en contra, merced a un
potente y certero tiro desde fuera del área que se coló por la escuadra
izquierda de la portería. Dos a cero y nuestro exZamora de portero.
Remoloneábamos
al descanso en nuestras cábalas cuando la potente voz de nuestro sempiterno exPresidente
nos conminó a tirar más veces a puerta. Arrullados por la atmósfera de
serenidad que nos trasmitía, entramos nuevamente al campo con los ánimos
incólumes.
La
segunda mitad siguió la misma tónica que la primera, con sensaciones antitéticas
de que el equipo tenía llegada, pero sin fraguar las ocasiones en el
electrónico, que vinieron en su mayoría a cargo de Ale, quien tras recibir
algún pase largo de nuestro meta o balones cortados por la defensa, quedó en
varios mano a mano con el portero rival, optando por una definición “almuñequil”
en todos los casos (ten cuidado con los caminos que eliges, Ale). El partido languideció
hasta finalizar, sin mayor interés, con tres goles rivales en contraataques o
cortes inoportunos de balón.
Ánimos
crispados en la segunda llegada al campo, donde esperaban impacientes los
equipos de “El D” y “Recreativo de Juerga” para que les arbitrásemos, cosa que
no hicimos a la hora debida, no por falta de ganas (ni siquiera por despecho),
sino por un inapropiado cruce de “whatsapps” que cerca estuvo del cataclismo
final, si por esto entendemos que debe considerarse pecado mortal tomarse una
cerveza de un trago, cuando ya estábamos Manolo, Alberto y un servidor en el
Chaminade cómodamente aplatanados (verbo muy gráfico consistente en visualizar
un plátano tumbado en una hamaca).
El idílico
arbitraje corrió a cargo de Súper-Clarita y Llámame (que no, llámame súper
clarita). A priori se presentaba peliagudo el asunto, pues no era un arbitraje
de los denominados sencillos pero, conforme transcurrían los minutos, parecía
obrarse el milagro, 5 – 0 en la primera parte a favor de El D con una sola
reclamación por penalti no señalado al Recre que, en opinión de los colegiados
y el cuarto árbitro (tercero en este caso) no existió.
La
segunda parte fue más de lo mismo. Los goles seguían cayendo como churros un
domingo por la mañana. Con ocho a cero los jugadores del Recre, que dicho sea
de paso jugaban andando, se echaron las manos a la cabeza mientras uno de ellos
espetaba “¡ostias!, ¡va a ser la mayor goleada que nos metan!”.
Mas
cuando con el doce a cero, y a falta de tres minutos para finalizar el encuentro,
se pensaba que la cosa ya no daba para más, la mayúscula imprudencia del
colegiado que escribe estas líneas de señalar una falta en el medio del campo a
favor del equipo que iba perdiendo por tan humillante resultado, derivó en una
protesta por agravio comparativo de uno de los integrantes de El D (de quien
omitimos el nombre por no darle protagonismo), lo que hacía presagiar
nubarrones en los minutos finales del encuentro.
Y
así fue, un par de jugadas más tarde, el mismo pazguato se recorrió medio campo
para encararse y tratar de agredir a un adversario que, al parecer, le había “tirado
un beso”. Siendo esta una de las mayores calumnias posibles hacia un jugador de
fútbol, y estando tan apretado el marcador (a la sazón, y a la postre, 13 – 0),
no podía pasarse por alto tan nimio detalle, derivando la cosa en una tangana de
proporciones bíblicas que culminó con la expulsión de ambos jugadores.
Pero
como la cosa no podía quedar así, no el partido arbitrado sino las cañas
“interruptas”, nos vimos en la obligación moral de retornar al Chami para
concluir lo que habíamos empezado, con unas cervezas (con o sin limón, se
entiende), hamburguesas con patatas (que Alberto con titánica fuerza de
voluntad no cató) y pacharán o café (según voluntad del consumidor, tras la
constatación de la no existencia de licores sin alcohol), mientras Alberto
profería insultos por doquier dirigidos a los jugadores del Barça, acompañados
de rápidas disculpas.
"Perdimos porque no ganamos" (Ronaldo)
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