domingo, 4 de noviembre de 2012

PARTIDO: YONMOÑACO - UNA FLOR


PARTIDO YONMOÑACO - UNA FLOR (0 - 6). SÁBADO 27 DE OCTUBRE DE 2012.

CRÓNICA ESCRITA POR MORO-WAN  (a.k.a. CACHULI, EL CALIFA)

Hay una máxima en el periodismo que tanto el buen redactor como el plumilla de tres al cuarto persiguen en cuanto se enfrentan a una crónica por redactar: la gran frase, la sentencia que resume en menos de una idea todo lo sucedido en el acontecimiento que se quiere contar. La suerte o, más bien, la genialidad en la que se sustenta buena parte de los triunfos, las derrotas y la supervivencia de un equipo como Yónmoñaco, permite que ese objetivo casi siempre aparezca por sí solo. Esta vez fueron las palabras de Sansi.Haz las que, refiriéndose a la estrategia del rival, dieron en el clavo: “han roto nuestro esquema de juego desde el principio: nos han dado el balón”.

Y es que las condiciones que rodeaban los prolegómenos vaticinaban, dentro de la incógnita eterna en la que se mueve Yónmoñaco, cierto ánimo de victoria: rival debutante en la Liga AAA, sin cambios, nuestro banquillo más nutrido que en temporadas precedentes… Pero nos dieron el balón.

Comenzamos con un quinteto inicial mezcla de la vieja guardia y la savia nueva (por el poco tiempo que llevan con nosotros, más que por la edad en algún caso): Phalo Corto en portería, El Natillas (¿es que nadie le va a poner un mote decente a este hombre?) de cierre, Llámame para la banda derecha, Patapalo por la izquierda y Setinho Junior (vale, me lo acabo de inventar, ¿qué pasa? Este año estamos parcos de motes) en punta de lanza. Esperaban su oportunidad animando en la banda (por estricto orden de incorporación al partido): Cachuli, Sansi.Haz, Freshman (por favor, que alguien ponga orden) e Il Divo. Un plantel, a priori, con muchas posibilidades de alzarse con la victoria.

Pero nos dieron el balón. Y no supimos qué hacer con él. Estáticos en los desmarques, sin ideas en los pases, sin encontrar el hueco para el tiro, los primeros minutos nos sumieron en una apatía atacante que se tradujo en falta de tensión atrás. Tanta, que dos paredes bien hilvanadas por los jugadores de Una Flor sin que nuestra defensa interfiriera apenas en su elaboración pusieron el 2-0 antes de que se produjeran los primeros cambios.

Parecía que un par de buenas combinaciones y un balón al palo de Llámame a pase de Freshman nos iban a dar las alas suficientes para pensar en la remontada, pero una pérdida en ataque terminaría en una contra que dejaría el marcador con 3-0 en contra en el descanso. Reflejo de la desidia en retaguardia lo encontramos en nuestro casillero de faltas: solo una y muy al final.

En el descanso nos conjuramos para salir de nuestra propia línea de puntos (hábitat natural del equipo y hasta lugar de nacimiento de alguno de los componentes) y aumentar la presión sobre el contrario. Nuestro clásico 3-1 se adelantó más allá de lo que recuerdan los más viejos del lugar para devenir con el transcurso de los minutos en un 2-2 presionante y acabar el partido en defensa individual a toda cancha, al más puro estilo de la antigua U.R.S.S. de los 70 (hablamos de basket, para los profanos).

Por momentos pareció que se podía crear incertidumbre en el resultado final, pero nuestra ya clásica falta de mordiente en la delantera y tres contraataques ejecutados con rapidez superior a nuestra recuperación de posiciones defensivas pondrían el definitivo 6-0.

Menos mal que siempre nos quedará el tercer tiempo, en el que solo necesitamos buen humor, mejor talante, una mesa y 18 tercios ya vacíos para elucubrar las múltiples variantes para sustituir la finada Porto-Muso en los córners, lanzados a partir de este año con el pie. Ningún cronista sería capaz de reproducir con palabras la más sencilla de las propuestas. Será mejor dejarlo para su ejecución en el campo.

Hasta entonces, pues.

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