PARTIDO
YONMOÑACO - UNA FLOR (0 - 6). SÁBADO 27 DE OCTUBRE DE 2012.
CRÓNICA
ESCRITA POR MORO-WAN (a.k.a. CACHULI,
EL CALIFA)
Hay una máxima en
el periodismo que tanto el buen redactor como el plumilla de tres al cuarto
persiguen en cuanto se enfrentan a una crónica por redactar: la gran frase, la
sentencia que resume en menos de una idea todo lo sucedido en el acontecimiento
que se quiere contar. La suerte o, más bien, la genialidad en la que se
sustenta buena parte de los triunfos, las derrotas y la supervivencia de un
equipo como Yónmoñaco, permite que
ese objetivo casi siempre aparezca por sí solo. Esta vez fueron las palabras de
Sansi.Haz las que, refiriéndose a la
estrategia del rival, dieron en el clavo: “han roto nuestro esquema de
juego desde el principio: nos han dado el balón”.
Y es que las
condiciones que rodeaban los prolegómenos vaticinaban, dentro de la incógnita
eterna en la que se mueve Yónmoñaco,
cierto ánimo de victoria: rival debutante en la Liga AAA, sin cambios, nuestro banquillo más nutrido que en
temporadas precedentes… Pero nos dieron el balón.
Comenzamos con un
quinteto inicial mezcla de la vieja guardia y la savia nueva (por el poco
tiempo que llevan con nosotros, más que por la edad en algún caso): Phalo Corto en portería, El Natillas (¿es que nadie le va a poner
un mote decente a este hombre?) de cierre, Llámame
para la banda derecha, Patapalo por
la izquierda y Setinho Junior (vale,
me lo acabo de inventar, ¿qué pasa? Este año estamos parcos de motes) en punta
de lanza. Esperaban su oportunidad animando en la banda (por estricto orden de
incorporación al partido): Cachuli, Sansi.Haz, Freshman (por favor, que alguien ponga orden) e Il Divo. Un plantel, a priori, con
muchas posibilidades de alzarse con la victoria.
Pero nos dieron el
balón. Y no supimos qué hacer con él. Estáticos en los desmarques, sin ideas en
los pases, sin encontrar el hueco para el tiro, los primeros minutos nos
sumieron en una apatía atacante que se tradujo en falta de tensión atrás.
Tanta, que dos paredes bien hilvanadas por los jugadores de Una Flor sin que nuestra defensa
interfiriera apenas en su elaboración pusieron el 2-0 antes de que se
produjeran los primeros cambios.
Parecía que un par
de buenas combinaciones y un balón al palo de Llámame a pase de Freshman
nos iban a dar las alas suficientes para pensar en la remontada, pero una
pérdida en ataque terminaría en una contra que dejaría el marcador con 3-0
en contra en el descanso. Reflejo de la desidia en retaguardia lo encontramos
en nuestro casillero de faltas: solo una y muy al final.
En el descanso nos
conjuramos para salir de nuestra propia línea de puntos (hábitat natural del
equipo y hasta lugar de nacimiento de alguno de los componentes) y aumentar la
presión sobre el contrario. Nuestro clásico 3-1 se adelantó más allá de lo que
recuerdan los más viejos del lugar para devenir con el transcurso de los
minutos en un 2-2 presionante y acabar el partido en defensa individual a toda
cancha, al más puro estilo de la antigua U.R.S.S. de los 70 (hablamos de
basket, para los profanos).
Por momentos
pareció que se podía crear incertidumbre en el resultado final, pero nuestra ya
clásica falta de mordiente en la delantera y tres contraataques ejecutados con
rapidez superior a nuestra recuperación de posiciones defensivas pondrían el
definitivo 6-0.
Menos mal que
siempre nos quedará el tercer tiempo, en el que solo necesitamos buen humor,
mejor talante, una mesa y 18 tercios ya vacíos para elucubrar las múltiples
variantes para sustituir la finada Porto-Muso
en los córners, lanzados a partir de este año con el pie. Ningún cronista sería
capaz de reproducir con palabras la más sencilla de las propuestas. Será mejor
dejarlo para su ejecución en el campo.
Hasta entonces,
pues.
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