domingo, 25 de noviembre de 2012

PARTIDO BOCACCIO - YONMOÑACO


PARTIDO BOCACCIO - YONMOÑACO (10 - 0). SÁBADO 24 DE NOVIEMBRE DE 2012.

CRÓNICA ESCRITA POR LLÁMAME (a.k.a. EL VERÍDICO)


Resulta tarea ardua cronicar un encuentro cuya historia debería quedar sepultada en los campos de tierra del Buen Consejo, allá donde el fútbol se juega con tacos pero ningún insulto. Las dificultades en conformar un equipo no presagiaban nada agradable, así que si bien conseguimos juntar seis personas, carecíamos entre otras cosas de delanteros.

Quienes habían respondido a la convocatoria de la jornada eran Phalo-Corto en portería, Eli-natillas en el centro de la zaga, Llámame en el flanco derecho, Patapalo en el ala izquierda y Chocolatero en vanguardia, quedando Manolo como sexto hombre (lo es en cualquier deporte, incluyendo baloncesto y mus). Nuestros rivales eran los de Bocaccio, más bien podrían haber sido Los Kikos, pues varios de sus componentes estaban trasvasados. Eso cambiaba mucho las perspectivas, de una lucha entre veteranos a un combate desigual contra gente más joven y un mucho mejor dominio de la bola.

Nuestra táctica defensiva hizo aguas en la tercera jugada del partido, así que las perspectivas de parduzco oscuras tornaron a grisáceo pre-tormenta. Sin haber dejado que transcurrieran demasiados minutos, un error de marcaje en un córner las dejó en negras de hollín. Tampoco voy a ahondar en nuestros desajustes defensivos, sino que me limitaré a consignar que cayeron cuatro en la primera parte y seis en la segunda, con el fin de dejar el marcador contrario a cero, pero lamentablemente en el segundo dígito.

Aun así, algunos detalles merecen ser rescatados como el pecio del naufragio: una parada con la mano abajo de Phalo-Corto, un pase en profundidad de Patapalo o un nuevo tiro al palo de Llámame, y lo mejor, la facilidad con la cual llegábamos arriba en los contraataques, si bien desprovistos de acierto, como viene siendo habitual.

También es tónica de este equipo descollar en los terceros tiempos. Ningún otro conjunto en la Liga de Antiguos Alumnos es capaz de distinguir con precisión entre utopía, distopía y ucronía. Tampoco acogen a un profesor universitario de Sociología que parecía anclado en mayo del 68 y que se permitió llamar “enano” al Generalísimo Franco, cuyo problema de estatura se debía en exclusiva a un gran sobrepeso testicular.

Hemos encontrado una nueva musa, colegiala chaminera, con aficiones automovilísticas, gusto por las prendas moradas y ceñidas, y un permanente desafío pectoral a la ley de la gravedad, fomentado por la turgencia propia de su edad y un mecanismo de sujeción que prácticamente se las dejaba en la garganta. Bastantes tercios después, emprendimos la retirada, no orgullosos de nuestro juego pero sí del ambiente.

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