PARTIDO BOCACCIO -
YONMOÑACO (10 - 0). SÁBADO 24 DE NOVIEMBRE DE 2012.
CRÓNICA ESCRITA POR LLÁMAME (a.k.a. EL VERÍDICO)
Resulta tarea ardua
cronicar un encuentro cuya historia debería quedar sepultada en los campos de
tierra del Buen Consejo, allá donde el fútbol se juega con tacos pero ningún
insulto. Las dificultades en conformar un equipo no presagiaban nada agradable,
así que si bien conseguimos juntar seis personas, carecíamos entre otras cosas
de delanteros.
Quienes habían
respondido a la convocatoria de la jornada eran Phalo-Corto en portería,
Eli-natillas en el centro de la zaga, Llámame en el flanco derecho, Patapalo en
el ala izquierda y Chocolatero en vanguardia, quedando Manolo como sexto hombre
(lo es en cualquier deporte, incluyendo baloncesto y mus). Nuestros rivales
eran los de Bocaccio, más bien podrían haber sido Los Kikos, pues varios de sus
componentes estaban trasvasados. Eso cambiaba mucho las perspectivas, de una
lucha entre veteranos a un combate desigual contra gente más joven y un mucho
mejor dominio de la bola.
Nuestra táctica
defensiva hizo aguas en la tercera jugada del partido, así que las perspectivas
de parduzco oscuras tornaron a grisáceo pre-tormenta. Sin haber dejado que
transcurrieran demasiados minutos, un error de marcaje en un córner las dejó en
negras de hollín. Tampoco voy a ahondar en nuestros desajustes defensivos, sino
que me limitaré a consignar que cayeron cuatro en la primera parte y seis en la
segunda, con el fin de dejar el marcador contrario a cero, pero lamentablemente
en el segundo dígito.
Aun así, algunos
detalles merecen ser rescatados como el pecio del naufragio: una parada con la
mano abajo de Phalo-Corto, un pase en profundidad de Patapalo o un nuevo tiro
al palo de Llámame, y lo mejor, la facilidad con la cual llegábamos arriba en
los contraataques, si bien desprovistos de acierto, como viene siendo habitual.
También es tónica de
este equipo descollar en los terceros tiempos. Ningún otro conjunto en la Liga
de Antiguos Alumnos es capaz de distinguir con precisión entre utopía, distopía
y ucronía. Tampoco acogen a un profesor universitario de Sociología que
parecía anclado en mayo del 68 y que se permitió llamar “enano” al Generalísimo
Franco, cuyo problema de estatura se debía en exclusiva a un gran sobrepeso
testicular.
Hemos encontrado una nueva musa, colegiala chaminera,
con aficiones automovilísticas, gusto por las prendas moradas y ceñidas, y un
permanente desafío pectoral a la ley de la gravedad, fomentado por la turgencia
propia de su edad y un mecanismo de sujeción que prácticamente se las dejaba en
la garganta. Bastantes tercios después, emprendimos la retirada, no orgullosos
de nuestro juego pero sí del ambiente.
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