PARTIDO YONMOÑACO -
PARAPACHANGAS (0 - 7). SÁBADO 21 DE ENERO DE 2012).
CRÓNICA ESCRITA POR
LA PRESIDENCIA
Definitivamente,
las Navidades y el Año Nuevo no habían mejorado nuestro juego. En realidad,
sólo las drogas psicotrópicas pueden.
Después
de nuestra terrible decepción en la Copa de Navidad, habíamos perdido con un
equipo asequible como Ballmaster.
Todo
ello nos había sumido en una depresión posvacacional y precarnavalera de no te
menees. No sabíamos si el turrón tenía la culpa o era el frío que nos
agarrotaba.
En
estas nos hallábamos cuando llegaron los jóvenes muchachos de Parapachangas
para cascarnos una soberana paliza con siete, sí, siete chicharros, que nos
dejaron patidifusos y ateridos por el pavor.
Generalmente
se suele decir en estas ocasiones que un resultado tan abultado no refleja la
enorme igualdad entre los dos contendientes. Se suele decir, igualmente, que el
equipo derrotado no merecía tanto castigo.
Pues
en esta ocasión, el resultado reflejaba claramente la diferencia de edad,
rapidez mental y física y de promedio de tonelaje de magro por miembro de cada
equipo.
En
esta ocasión, merecimos perder por más tanteo en contra. Es verdad que no
merecíamos tanto castigo, porque, en verdad, no somos masoquistas y porque somos
buena gente de la que ya no queda.
Si
esto no fue así, se debió, sin duda, a una nueva actuación enorme de nuestro
portero Phalo Corto y al hecho de que, con el frío que hacía a estas alturas
del año, nuestros oponentes dieron por bueno un resultado que satisfacía
sus ansias de reconocimiento como uno de
los mejores equipos de esta Liga (con permiso de La Fuga).
A
pesar de todo, un tercer tiempo a la altura de la goleada, que olvidamos con
gigantescas hamburguesas, tercios de cerveza bien terciados y gominolas de
sabores indescifrables.
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