PARTIDO YONMOÑACO - LOS BONIS (8 - 3). SÁBADO 4 DE FEBRERO DE 2012
CRÓNICA ESCRITA POR "EL VERÍDICO".
Lunes 6 de febrero de 2012 8:33
Atendiendo a la experiencia, a partido narrado por el Verídico, victoria
segura. Este axioma se cumplió una vez más contra Los Bonis, en una lucha
titánica por evitar el liderato invertido. Calentando durante la ola de frío
siberiano, nos extrañábamos de que se hallasen todavía peor que nosotros en la
tabla, porque eran jóvenes y no exentos de técnica; vamos, justo al revés que
nosotros. Empero, no contaban con las dos armas que han sido nuestro sustento
desde que comenzó el declive, e incluso antes: organización y garra.
No andábamos sobrados de efectivos, de manera que formamos con Phalo-Corto
bajo los palos, Llámame por la derecha, Patapalo en el centro de la zaga,
Barriguinha por la izquierda y Al-muñeco de estilete ofensivo. Il Divo,
renqueante, con un look de estibador norirlandés, aguardaba en el banquillo (es
un decir, porque el mobiliario escasea en el Buen Consejo). Imbuidos por el
espíritu de Guardiola, nuestra esquema táctico era de tres defensas. En
contraste, el juego combinativo suele brillar por su ausencia, y dejamos al
punta varado arriba. Comenzamos gélidos como la temperatura (tal que hasta los
“burgoscenses” llevaban sudadera debajo de la camiseta) y en nuestro propio
saque de centro a punto estuvimos de encajar, debido a cesiones atrás a cual
más blanda. No tardamos en reponernos, y Al-muñeco dispuso de la primera
ocasión. Sin embargo, eligió la peor opción ante su portero de circunstancias:
una “palanquita”. Lamentablemente, era el más larguirucho de ellos y la atrapó
sin apenas estirarse. Nuestro delantero procesó el dato en su ajedrecística
mente, y coló las dos siguientes por bajo.
Poco dura la alegría en la casa del pobre, y segundos en la del paupérrimo,
pues en la siguiente jugada acortaron distancias. Con este tanteador llegamos
al descanso, sin más incidencias que un remate de cabeza de Juanra a saque de
banda de Llámame, que se fue por poco, una ruleta “zidanpallaresa” de Patapalo
y la lesión de Il Divo, aunque parece que no es seria. La segunda mitad empezó
a pedir de boca, ya que Al-muñeco intentó una vaselina que no salió como
pretendía, de tal suerte que acabó haciéndole un sombrero a su guardameta y le
quedó el balón franco para empalar. Como nos parecía una renta demasiado
sustanciosa, la dilapidamos en breves minutos. Encajamos muy pronto el segundo,
y Phalo Corto, quien tantas veces nos ha salvado, tuvo a bien rememorar la
cantada de Buyo en Tenerife y recogió un rechace del larguero para introducirse
con el balón en la portería. Ciertamente, había evitado el gol fantasma, con
rotundidad además. Empatados a tres, había que volver a remar.
En éstas, Llámame, cuyo partido había sido discreto hasta entonces, aunque
correcto en los cruces, luchó un balón en su banda y la sirvió de manera
sorprendentemente precisa a Al-muñeco, quien perforó la puerta contraria en la
jugada que marcó el devenir del partido. El buen hacer del equipo no iba a
quedar aquí, pues enchufamos otra Porto-Muso. Con Patapalo guardando la
espaldas, Barriguinha bloqueó a algunos imberbes (tenemos cuerpo para eso y
para más), Llámame la puso en el sitio justo y Al-muñeco remató duro arriba. La
ventaja de dos goles alarmó a los contrarios, y emplearon el portero-jugador,
ante la justificada indignación de nuestro guardavallas, pues los varones
heterosexuales no estamos obligados a distinguir el negro del azul marino.
Entre Phalo Corto, Llámame y Barriguinha, con la presión delante de
Al-muñeco, aguantaron sus embestidas sin perder las posiciones. Una
recuperación por parte de Llámame, ya en manga corta, aumentó la ventaja, y
Al-muñeco, remachando un pase largo de Phalo Corto, la redondeó hasta el 8-3
definitivo.
El tercer tiempo se prolongó merecidamente en vistas de tan holgado
triunfo. En él, Barriguinha añadió Eva Nasarre a su colección de motes, por si
andaba escasito. Destaco una vez más el espíritu correoso de este equipo, que
no se ofuscó ni bajó los brazos cuando venían mal dadas, y me despido henchido
de orgullo balompédico.
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