domingo, 29 de enero de 2012

PARTIDO YONMOÑACO - LOS DEL BARCO (19 de noviembre de 2011)

Crónica elaborada por "El Cachuli", alias "El Califa".

En el centro del mundo de mi fantasía,

subiéndome el calzón y amarrada las botas,

mirándome al espejo con una pelota,

soñaba que mi equipo al final ganaría

y yo sería el que levantara la copa.

Los comparsistas se la dan de artistas, 2009

Estimados compañeros de Yónmoñaco y seguidores acérrimos de este blog:

Hoy voy a romper con dos reglas no escritas pero que siempre he procurado seguir a la hora de escribir aquí. La primera ya la habréis adivinado en estas dos líneas, pues por primera vez dejo aparcado al cronista periodístico y me erijo en columnista y casi protagonista de la crónica. La segunda es que, además, aprovecho este foro para contar algo más que el último partido que hemos jugado y su consabido tercer tiempo.

Y lo hago porque hoy quiero compartir con vosotros mi (efímero) regreso a las canchas del Colegio de Nuestra Señora del Buen Consejo. Aquellos que no pertenezcáis al equipo os preguntaréis: ¿quién es este tipo y cuándo se fue? Lógico, puesto que nunca me despedí desde aquí. Hasta dos posts redacté (y aún tengo guardados) para comunicaros a todos mi retirada, pero puse tantas entrañas en ambos que fui incapaz de terminarlos. No pasará lo mismo hoy.

Baste decir que jamás una decisión como la de abandonar las filas de Yónmoñaco, a las que he pertenecido y, sobre todo, de las que me he sentido parte desde la temporada 2002-2003, me ha costado tanto. No voy a comentar aquí los motivos que me han llevado a ello, sólo que dejo atrás una etapa de sábados inigualables (y que, a buen seguro, serán casi imposibles de sustituir) en compañía de varias las mejores personas que he encontrado a lo largo de mi vida.

Pero volvamos al sábado que nos ocupa: 19 de noviembre de 2011. Rival: Los del Barco.

Obvia decir que yo no tenía que estar en ese partido (ni en ningún otro), pero un mensaje del equipo solicitando mi presencia por falta de efectivos bastó para que rebuscara en los cajones el calzón y las botas y saliera disparado hacia el reencuentro. Poco importó que, finalmente, mi intervención no fuera necesaria (al menos numéricamente). Retomé viejas costumbre y me erigí en portavoz de la charla previa al inicio del choque, en la cual, y tras comprobar nuestras armas ofensivas, centré el discurso en la labor de la defensa.

Comenzamos con una alineación mezcla de la vieja guardia, la savia nueva y las circunstancias: Phalo Corto en la portería, Patapalo de cierre, El Natillas (el sobrenombre provisional de Elías) por banda izquierda, Il Divo de enganche por la derecha y Barri Guinha como estilete ofensivo. Esperaban su oportunidad en el banquillo Sansi.Haz y un recuperado para la causa Suseño. A su lado, animando, un servidor.

El partido empezó sin concesiones por ninguna de las dos partes: a la presión en tres cuartos de Los del Barco, respondíamos acertadamente rompiendo líneas con pases por el centro. Así nos apuntamos las tres primeras ocasiones del encuentro, mas no el primer gol, que llegaría en una contra de Los del Barco con disparo desde fuera del área ajustado a la derecha de nuestro cancerbero.

Supimos reponernos lo suficiente como para seguir al mismo nivel y logramos el empate en una gran jugada individual de Il Divo (recordando otros tiempos), que aprovechó el hueco abierto por Barri Guinha en su desmarque para plantarse ante el meta contrario tras superar a su defensor y fusilar con la izquierda.

Pero poco nos duró la alegría: en la jugada siguiente, y tras una serie de rechaces desafortunados, volvíamos a encontrarnos por detrás en el marcador. El descanso llegó justo cuando nuestras fuerzas luchaban por no agotarse.

La segunda mitad continuó con la misma tónica que la primera y con nuestro equipo buscando el empate. Pero aparecieron los viejos fantasmas de antaño y, a las primeras de cambio, cayó el tercero en contra.

Por exigencias del físico, y con la anuencia de nuestro Presidente, entré en el campo para dar más descanso a nuestros ya desfallecidos jugadores y desplacé a Patapalo a la izquierda para ocupar el cierre. Sin contar los tres primeros pases fallidos (como en los viejos tiempos), pronto me reencontré a mis mismo en labores defensivas y propiné el clásico bochazo (como en los viejos tiempos) al primer contrincante que pasó por mi zona y que (como en los viejos tiempos) no terminó de tomárselo bien. Aunque ni duré mucho sobre el campo, he de reconocer que me divertí y apenas provoqué desajustes entre mis compañeros.

Sin merecerlo llegaron el cuarto y quinto para Los del Barco; demasiado castigo para un partido ordenado en defensa aunque (lo que no es nuevo) con poca artillería en ataque. Quizás nos faltó creérnoslo más para aprovechar los huecos en el centro del campo y más físico para atajar la movilidad del contrario en el segundo tiempo.

El tercer tiempo, como siempre y para envidia de Llámame, a la altura de este gran equipo: porras de ministros, escaños y campeón de la NBA incluidas. Aunque, he reconocerlo, se me hizo corto. Y me sabrá a poco hasta la cena de Navidad.

Gracias por ser como sois, compañeros.

¡Siempre Yónmoñaco!

Cachuli (hoy más que nunca)

P.D.: Prometo que, si hay próxima crónica, volveré a un estilo más periodístico.

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