miércoles, 29 de septiembre de 2010

Crónica amistoso 25-09-2010

Tarde prominente y calor sofocante a nuestra esclarecedora llegada al campo…

El Chamartín Arena eludió, esta vez, ser partícipe de nuestro habitual encuentro de tonificación muscular de cara al inicio de la nueva temporada, alegando reformas no apreciables desde el exterior. Hubo que recurrir a jugar en el “Aravacazo”, un campo privado. Privado de redes, de sombra, de gente, de bares…

La logística corrió a cargo de nuestro excelentísimo e ilustrísimo presidente, que tuvo la bondad de acoger en su vehículo más ocupantes que panes y peces, alejándose de la línea ideológica del equipo y haciendo campaña bajo el eslogan “no sé decir que no”.

La llegada de los componentes del equipo se fue produciendo, como es natural, en orden inverso a la distancia que los separaba de sus respectivos domicilios. Los integrantes del coche número uno accedimos al campo por la puerta más alejada a la zona de juego, al objeto de comenzar con la larga serie de ejercicios de calentamiento sin balón.

Acto seguido, hizo su aparición nuestro algo menos excelentísimo e ilustrísimo capitán, quién obligó a todos los presentes a ejercitarnos en un rondo, pero no un rondo cualquiera, un rondo con balón, que siempre se antoja más complicado. Las dimensiones del entorno de juego elegido se ensanchaban o estrechaban a nuestro crítico antojo, siempre velando por la salud de quien se disponía a entrar en el centro de la capea. Nuestros prodigados pases al hueco y estelares controles repercutieron en la necesidad de imponer la norma de tener que pisar el balón para salir a la periferia.

Finalmente, cuando ya parecía que teníamos bajo control el esquema de juego, nos honraron con su presencia nuestro insigne portero y su hermanísimo, el primero de los cuales, brazos en alto, parecía querer indicar que el volante de su vehículo les había permitido calentar las extremidades superiores.

La configuración de equipos fue creada, una vez más, por jurisprudencia: “camisetas rojas” y/o “bermudas a finales de septiembre” contra el resto. En ese momento, nuestro capitán, queriendo consagrarse como futuro pichichi, realizó un cambio estratégico de camiseta, para prestar su incondicional apoyo al combinado más combinado. Estuvieron presentes en las alineaciones de los respectivos cuartetos iniciales: Phalo Corto (nuestro arquero), Il Divo (nuestro jugador de más cuidada apariencia física), Luís (nuestro, esperamos…) y Al-Muñeco (servidor) por parte de La Roja, y Cachuli (nuestro presi), Barri-Guinha (nuestro capi), SuSeño (nuestra distinguida señoría) y Hannah Montana (nuestro comentarista radiofónico) por parte del combinado restante.

Se impusieron las conocidas normas de “obligación de disparo desde el interior de la línea de traza discontinua” y “portero-jugador”, que nuestro equipo siempre ha asimilado con rapidez cuántica. Las normas del azar, una vez más, parecían no tener aplicación. El color rojo de las camisetas de unos combinaba con el sonrojo de otros, y la negativa a realizar cualquier tipo ajuste en los componentes de los equipos trajo sus lógicas consecuencias en forma de trabajos forzados para el guardameta de la selección multicolor. El resultado no es objeto de comentario, toda vez que nos encontramos en pretemporada.

Una vez trascurrido el tiempo reglamentario, y tras ciertas súplicas judiciales para poner fin cuanto antes a los dos primeros periodos, nos dispusimos a rememorar la única jugada ensayada del equipo, la celebérrima “Porto-Musso”, en todas sus variantes: con bote, sin bote, por el exterior, por el interior, al segundo palo, marcando la jugada con la camiseta o tocando las palmas, con los defensas defendiendo o atacando (a los delanteros…), etc. Tras largas negociaciones, conseguimos convenir un acuerdo de servicios mínimos y realizar la jugada en tres tiempos, a saber: marcar la misma desde la banda, bloquear al segundo palo, y rematar al primero. Tras tantos botellines infructuosos parece vislumbrarse un atisbo de esperanza en lontananza…

Y antes de acudir al merecido refresco terracil (pido públicas disculpas a Alberto por tomarme la licencia de introducir determinados adjetivos en cursiva no contemplados por la RAE), la insolación recibida hizo mella en nuestro, hasta entonces, respetable juicio y decidimos dirimir quién sería nuestro lanzador de penaltis habitual durante el presente año. Para ello, era preciso batir a nuestro guardameta titular en dos ocasiones, una tarea que se antojaba ciclópea.

En ese momento, y mediante una serie de comunicaciones ultratelúricas, se orquestó la jugada perfecta, una trama cuyo último fin sería convencer a nuestro jugador invitado de las enormes posibilidades de progresión que tendría en nuestro legendario club. Para ello, era necesario generar una precisa batería de penaltis fallados. Dicho y hecho. Primera ronda: 2/7, segunda ronda: 2/7 (con distintos goleadores, se entiende), tercera ronda: 1/7. Cuarta ronda, exclusiva para el portero, 2/3. Conclusión: los porteros del equipo lanzarán los penaltis este año…

Al tercer tiempo acudimos en masa, sin que se produjeran bajas ni altas. Se escogió con atino una terraza de una de las calles principales de la zona, no muy lejos de donde hace medio año estuvo a punto de tener lugar una paradoja de cena de equipo sin equipo. Las consumiciones solicitadas mostraron una clara línea de depuración corporal: sacrilegios con limón rebajados con vasos de agua tibia y algún aquarius para el personal respetuoso con los eslóganes de la DGT.

Y llegados a este punto, nuestro presidente tomó la palabra para iniciar la lectura del orden del día de la ya tradicional asamblea ordinaria de compromisarios comprometidos con el equipo. Como puntos reseñables destacaremos la congelación de la cuota anual, impuesta por Bruselas dentro del marco de la serie de medidas de austeridad propiciadas por la crisis global, y la decisión de revertir los beneficios del año pasado en una cena de inicio de temporada, que permita poner a prueba nuestro más que conocido estado de forma.

El retorno a la capital se produjo tras dos rondas de enconadas deliberaciones, y bajo las mismas ratios de distribución de miembros por coche. En lo que al primero de ellos se refiere, la conversación giró en torno a las labores de españolización que su distinguida señoría incorpora en sus sentencias.

Este sábado iniciamos nuestra andadura en el campeonato, con un primer encuentro sin rival conocido y sin hora fijada, lo que claramente va en favor de nuestros intereses. A buen seguro que los arbitrajes, como siempre, seguirán siendo objeto de reyertas…

“Hemos sobrevivido al llamado grupo de la muerte. Eso fue lo que pasó hoy, había un asesino en el campo: el árbitro”. Omar Borras, entrenador de Uruguay en el Mundial 86, tras la expulsión de uno de sus jugadores a los 56 segundos de partido.

Súper-Clarita
Copyright, todos los derechos reservados.

1 comentario:

El Califa dijo...

Respecto a la Porto-Musso, si supieras que en la reunión de la Liga AAA se propuso sacar con el pie...
Ah, y que conste que la cena de inicio de temporada no irá sufragada por los beneficios del año pasado. Me temo que no se aprobó esa moción.