Cual moderno Fernando de Pulgar, cronista de los Reyes Católicos, y por ende, de tiempos tan convulsos como positivos, me especializo en narrar victorias de Yónmoñaco. Anticipo el resultado, porque no os veo tan cardiosaludables como para aguantar el suspense que nos embargaba: 7-8 (a favor).
El último partido de la temporada lo disputábamos contra Muñones. Me encontré con Cachuli a punto de ingresar al coliseo y el panorama de ausencias era desolador, por cuanto, como ni siquiera había comido, al haber salido minutos antes de un examen y haberme desplazado sin solución de continuidad, confiaba en salir de mera comparsa. Patapalo volvía después de una larga ausencia, Barri Guinha tenía el tobillo inmovilizado y más sueño atrasado que Brácula (no es una errata, sino un homenaje al señor Chiquito de la Calzada), y aparecieron Phalo Corto e Il Divo (como es él, en plan “guest star”). No había mucha complicación para trazar la alineación de partida (y tampoco la suya, pues sólo venían cinco). Comenté a Cachuli que ya me fastidiaba perder otra vez contra Muñones, pero tengo menos visión que nuestros (des)gobernantes.
Comenzó espectacular el encuentro, en una primera parte de ensueño, en la cual Patapalo ya se había hecho acreedor al “sophomore” del año (por aquello de que ya había estado, pero nos parecía tanto tiempo que se nos habían olvidado su zancada y su disparo). Llámame (tiro lejano y ajustado al poste) e Il Divo (rompiendo su línea tras robo de nuestra aguerrida defensa) redondeaban un marcador que ni los más viejos del lugar (y eso que a veteranos a estos componentes no nos gana nadie) recordaban (disculpad el tópico, pero en cualquier crónica insólita que se precie debe aparecer): 0-5 (y sí, “por el culo te la hinco”).
Las tradicionales apelaciones al despiste de después del descanso no sirvieron de nada, y sus dos primeras jugadas nos acarrearon sendos goles, lo que encendió el canguelo cagométrico y lo puso a mil revoluciones en cuestión de segundos. No supimos gestionar que jugasen con cinco de campo, y si hemos de unirle el bajón físico que provocó que nuestro guardavallas saltase al campo como viene haciendo últimamente, el resultado peligró seriamente. Salimos algo de la presión con dos nuevos tantos de Patapalo (quien señalaba su camiseta como Míchel contra Corea del Sur aunque ya no pusiese “Is back”), de doble penalti y de vaselina, y uno de Barri Guinha, sin mirar a puerta, pero se llegaron a acercar a uno. La patada de Llámame recordando que en Torres de Montes es tiempo de la siega no provocó más que lamentos del contrario, si bien Phalo Corto, usurpando el rol de Il Divo, se enzarzó en una tangana con un adversario, y no precisamente el más patibulario. Rozando el final, un contraataque entre Il Divo y Llámame consiguió lo verídicamente imposible: que éste último tirase fuera con su portero en el suelo, si bien no había que hacer sangre de nuestros rivales.
Durante los tercios posteriores, Cachuli no pudo polemizar sobre la NBA, lo cual nos dejó huérfanos de sesudas discusiones, pero con más tiempo para el bebercio. La próxima temporada continuaremos dando patadas al balón y de paso, al deporte. Saludos a nuestros fieles seguidores del blog, si es que quedan. Os lo dedicamos.
Llámame AKA Verídico
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