Los Chendos eran el siguiente obstáculo en la carrera de Yónmoñaco por la permanencia, en la que amenazamos con derribar todas las vallas que encontremos a nuestro paso. El Doodle pronosticaba escasez de efectivos, y no se equivocó, por cuanto llegué a dos minutos de la hora oficial de comienzo y era el cuarto integrante. Afortunadamente, ellos iban tan cortos de efectivos como nosotros, y ambos equipos remoloneamos hasta que completamos los quintetos. Formamos obviamente sin discutir con Phalo Corto (Yashin redivivo) en portería, Llámame en el flanco derecho, Slow Motion en el eje central, Cachuli por la izquierda y Al-Muñeco en punta de ataque. La táctica tampoco fue objeto de discrepancia: dejar a Trapattoni en comparación como un acérrimo partidario del tiqui-taca. En kilos, como de costumbre, ganábamos de sobra, si bien en centímetros de altura salíamos perdiendo (y los de abajo no son tan determinantes).
Tras unos minutos de tanteo, en los que apareció de calle un refuerzo de lujo (Roman Paladino, perdón, Kosecky, alias Barriguinha), comenzó su asedio sobre nuestra portería. Lo remediábamos con el orden defensivo habitual, con sobriedad generosa, y la una vez más estelar agilidad de nuestro guardamallas. En el plano personal, me congratulo por una seria actuación. Cuando las fuerzas, que antaño acompañaban, no se emplean en subir para abrir huecos, sino en menesteres más importantes y más acordes con la filosofía del equipo, el desempeño mejora. Además del orden atrás, salíamos tímidamente al contragolpe, para disipar la impresión que tenían nuestros rivales (éstos y casi todos los demás) que jamás podríamos soñar con meterles algún gol.
La primera parte concluyó con empate a cero y ellos tirando de lejos. Al comienzo de la segunda, se pusieron un tanto nerviosos y sacaron su mejor arma: la presión a los colegiados. Ahí, en actitud, nos apabullan, porque en un equipo de buena gente y de derechas (vale, ya sé que es lo mismo) falta mala leche por toneles. En éstas que aconteció el minuto culminante del encuentro: Cachuli mete el cuerpo, arma la pierna, dispara con virulencia, su cancerbero roza levemente, pega en el travesaño y rebota expedita para su salida en tromba, tal que encajamos un fatídico tanto, y al poco, otro.
Procede destacar que en ocasiones hemos sacado el balón jugado, con buenos movimientos de los de arriba y los de abajo para oxigenar el tránsito, y cuando tocaba, patadón y tentetieso, sin complicarnos la existencia. Para los tercios de después, menguada asistencia, con Phalo Corto y Al-Muñeco, amén de un servidor. Los temas tratados fueron de lo más variopinto, con especial profundidad en política internacional.
Confiemos en volver a encontrar la senda del triunfo, por largo tiempo extraviada.
Llámame AKA Verídico.
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