PARTIDO YONMOÑACO – LOS DEL BARCO (3 - 0). SÁBADO 17 DE ENERO DE 2015.
CRÓNICA ESCRITA POR "EL NATILLAS" Y SUPERVISADA POR “EL VERÍDICO”
CRONICA
LOS DEL BARCO 3 – YONMOÑACO 0
Nota
del autor: A raíz de la petición de la mayoría de los miembros presentes de
Yonmoñaco en la tradicional cena de “Navidad”, esta crónica será la primera que
esté estructurada en cuatro tiempos, dado que coincidió un partido, su tercer
tiempo y la mencionada cena en un mismo día.. Y además, estará ambientada en un
mundo de fantasía, en este caso, la Tierra Media, también a petición de algunos
de los miembros del equipo, y como venganza personal del autor hacia uno de los
anteriores cronistas.
PRIMERA
EDAD
Sábado gélido en los
confines occidentales de la Tierra Media. Las curiosas huestes de Yonmoñaco,
crisol de las diversas razas de la Tierra Media, tienen esta tarde una nueva
batalla. Enfrente, las temibles hordas de los Corsarios de Úmbar, también
conocidos como Los del Barco.
Los primeros
recuentos de Barbol, el fornido y gigantesco, a la vez que algo lento y torpe, cacique
yonmoñaquil, famoso en la Tierra Media por lo poco consensuado de los trajes de
batalla de sus huestes, muestran que el número de guerreros no va a ser
suficiente para plantar batalla. Sin embargo, el gran dominio de Barbol de los
modernos medios de comunicación permite que convoque una asamblea rápida, conclave
que consigue aumentar el número de valientes que acudirán a la batalla.
Las hostilidades
comienzan con Bárbol el cacique cubriendo la retagurdia; gigante de hercúlea
fuerza y escasos reflejos, capaz de pasar de lo mejor a lo peor en un suspiro.
Cercano a la
retaguardia, Boromir Cachuli, un exponente del honor de la raza de los Hombres
del Sur, y que siempre dirige y motiva al resto de las hordas con su sabiduría,
su valor, y su buen juicio.
En la zona oeste del
campo de batalla se ubica Isildur, bravo guerrero, estandarte del antiguo
régimen, y que brega con honor en todas y cada una de las batallas que
participa.
En el flanco este
aparece el fiero y luchador Llamame Gimli, hábil y duro guerrero que no da una
ofensiva por perdida, y al que a menudo sus adversarios minusvaloran
erróneamente por su tamaño.
Y en la vanguardia,
el abuelo de todos, el veloz “Sombra Gris”, con sus alocadas carreras que en
varias ocasiones han servido para ganar más de una batalla.
Y en una zona anexo
de la Batalla, esperan su oportunidad 4 valerosos guerreros más. Entre ellos,
el afamado Elrond, cuñado de un personaje conocido por todos, y cuya presencia
en las batallas no suele ser habitual, y que en esta ocasión ha sido muy
celebrada por sus compañeros. También esperando a entrar en batalla, El Divino
y mágico Gandalf, capaz de hacer desaparecer el balón con su magia, elegante en
sus movimiento, y cuyo arrebatos deado de furia e ira son ya conocidos en toda
la Tierra Media.
Y junto a ellos, el
heredero de Isildur: Aragorn, el destinado a heredar las hordas de Yonmoñaco.
Valeroso y joven caballero, otrora resolutivo, pero cuyo menguado estado físico
en los últimas batallas le ha hecho distar mucho de su otrora elevado nivel.
Y completado la
reserva de las hordas, el ya famoso Apolíneo, cuya participación en batalla fue
escasa, ¿me puede explicar alguien que hace un personaje griego en esta
crónica?
Destacar la ausencia
de un curioso personaje de este grupo, famoso porque todas las flechas que
lanza van a parar al muñeco: Golum. Un enigmático ser que tiempo atrás se borró
de las batallas, poniendo como excusa unas controvertidas heridas de guerra,
justo después de tener el poder al alcance de su mano y no querer aceptar su
destino.
Mal comenzaron las
hostilidades para las huestes de Bárbol. Rápidamente los de El Barco tomaron la
delantera. 1-0. A partir de aquí, la batalla se endureció por momentos y tornó
en cerrados enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Una y otra vez, las escamaruzas de
Sombra Gris y Aragorn terminaban con el mismo resultado: acorralados y
derribados por el feroz enemigo. Sin embargo, la peor parte de todos se la
llevó Gimli, que en un combate personal con un enemigo, en un primer momento
logró alcanzarle tímidamente con su hacha., pero posteriormente, su oponente se
rehízo y le asestó un brutal hachazo a la altura del tobillo, dejándole algo
tocado al pobre Gimli para el resto de las escaramuzas y una herida de guerra
en su tierno corazón que tardaría tiempo en sanar del todo.
Hacia las medianías
de esta primera edad, el enemigo corsario asestó el segundo golpe, en una
desgraciada carambola donde el hacha de Gimli colaboró de manera totalmente
involuntaria. Y con este resultado, se llegó al final de la primera edad.
SEGUNDA
EDAD
Durante la pausa del
combate, Boromir trató de arengar y aleccionar a sus compañeros sobre la táctica
de batalla que debía seguir el grupo, alejándose de la estrategia cuerpo a
cuerpo que el rival planteaba. Sin embargo, nuestras huestes no supieron
reaccionar y la batalla cuerpo a cuerpo se volvió aun más encarnizada, si es
que esto era posible: hachazos, agarrones, patadas y demás lances que fueron
juzgados con parcialidad por el Dios Rojo.
Incluso Isildur retó
a muerte a unos de sus rivales en una escaramuza después de sufrir un golpe por
la espalda que le precipitó contra Barbol. Aunque finalmente la sangre no llegó
al río.
Y aprovechando el
fragor de estas batallas, los de El Barco asestaron el mazazo definitivo. Final
de la batalla. Derrota. 3-0
TERCERA
EDAD
Los camaradas del
cacique Bárbol y él mismo se refugiaron tras la batalla en su guarida favorita a
fin de lamer sus heridas y resarcirse con buenas viandas y bebidas. Poco a
poco, la decepción por la derrota sufrida fue tornándose en camaradería y
alegría. Isildur convidó a los ágapes por haber conseguido dejar al lado los
frecuentes viajes que le hacían dejar la Tierra Media.
Lo más destacable fue
, que después de realizar la pertinente lectura de la batalla, se recordó la
más exitosa estrategia de batalla: la conocida como .la Porto- Muso. Y como
novedad, se planificó una nueva estrategia, la Cachulinha, aunque todavía está
por ver si se desplegará en próximas batallas.
Las hordas de Bárbol
se retiraron pronto por un día. Tenían que descasar, porque al caer la noche,
se volverían a reunir.
CUARTA
EDAD
Aquella noche, las
hordas de Barbol iban a cumplir con uno de los más ancestrales ritos: la cena.
En esta ocasión, el lugar elegido para tan magno evento era la Taberna El
Galopín, situado en un cruce de caminos del centro de la Tierra Media.
Algunos camaradas
cobardes que no habían acudido a la batalla, hicieron acto de aparición. Entre ellos
Golum. Por primera vez en la historia de la horda, había más guerreros en su
descanso que durante la batalla.
La cena transcurrió
con alegría, en buena parte gracias a la buena comida y bebida traída del
límite septentrional de la Tierra Media. La carne fue rápidamente devorada por
las hordas, aunque algunos guerreros prefirieron los animales de rio.
A la finalización de
la cena, Gimli, que como bien es sabido es amante de las cuevas, la buena
bebida y de admirar todo tipo de hembras de la tierra media: mujeres- hombre,
enanas, e incluso ent-mujeres, propuso ir a una cueva, desconocida para él, de
la que habían contado los encantos y bondades de sus féminas.
Tras guiar Gimli al
grupo, y pensando que la cueva bajo la montaña, estaría abarrotada de gente y
demás razas gracias a su fama, Gimli y el grupo iniciaron una larga espera de
más de 10 minutos en la puerta de la cueva. Sin embargo, después de que unos recién
llegados ingresasen en la cueva como Galadriel por su bosque, las hordas se
dieron cuenta de lo innecesaria y estúpida de su espera.
Una vez dentro de la
cueva, lo que se prometía como beldades élficas, pronto se pudo comprobar que eran
espejismos. Saruman debía haber agrupado ese día a sus mesnadas, y la cueva
estaba plagada de orcos, por lo que nuestro grupo decidió emprender una rápida
huida hacía una cueva más confortable, cueva de la que fueron desalojados
amablemente al caer la noche cerrada.
Sin embargo, la
crónica de esta cuarta edad acaba con las aventuras de Boromir, Gimli y el
heredero Aragorn, en la que los dos primeros iniciaron en las costumbres
propias de las noches invernales al joven pupilo de Isildur. Aunque estas
aventuras deberán ser contadas en la siguiente crónica…
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