jueves, 26 de septiembre de 2013

PARTIDO IRREDUCIBILI - YONMOÑACO (6 - 2). SÁBADO 15 DE JUNIO DE 2013.
CRÓNICA ESCRITA POR EL VERÍDICO.

Estimados seguidores de Yonmoñaco:

Con todas las crónicas de la temporada, más o menos realistas, por fin colgadas, no podía demorarme en la entrega de la del penúltimo partido.

Las perspectivas, como siempre, no eran para nada halagüeñas, si bien lo veíamos todo con la tranquilidad de quien tiene ya cubiertos los objetivos. Nos faltaban el portero nominalmente titular, Phalo Corto, quien se acordó que tenía una despedida tailandesa de soltero, y el eficaz suplente, Cachuli, aún no recuperado de su lesión. Tampoco estaba nuestro punta usual, Almuñeco, que esta vez estaba jugando con piezas de ajedrez.

Comparecimos la familia Hernández (Barriguiña y Heredero), Natillas (de resaca; de hecho todavía presentaba aliento alcohólico mediado el choque), Chocolatero (pater familias), el incombustible Llámame y el Repentino, cómo no súbitamente (de hecho, recibimos un guasap suyo nueve horas después de haberlo enviado). Nos enfrentábamos a Irriducibili, Rafa incluido, otro de los mitos homoeróticos del Natillas junto con Hugo, el mejicano engominado.

Refractarios a su aparente favoritismo, saltamos a la cancha dispuestos a todo, y empleo bien el término refractario, porque caía una canícula brutal. Quedaba el Heredero de guardavallas, Llámame en la derecha, Barriguiña en la izquierda y Repentino de delantero, con Chocolatero aguardando, a la sombra naturalmente.

En nuestra buena línea de los meses de mayo y junio, comenzamos por delante: el Repentino aguanta de espaldas y la cede a Llámame, que le había doblado veloz y que se sacó un remate escorado de caño para su segundo gol del curso, rememorando su asociación de tiempos pontificios comillenses.

Yonmoñaco es un animal de costumbres, y como era de esperar, nos metimos en la caverna. La superioridad numérica en los cambios de los rivales dio sus frutos, hasta que lograron remontar. Empero, en la última jugada de la primera mitad, en un dos para dos con el Heredero y Llámame volcados al ataque, éste último la toca suavemente, y sus dos zagueros, quizá equivocados por el tanto precedente, se van con él, dejando libre de marca al “destinado a bla, bla, bla”, quien la incrusta ajustada arriba para poner un esperanzador empate a dos al descanso.

Desafortunadamente, ahí quedó nuestro caudal ofensivo, y en la segunda parte nos colaron cuatro, uno de Llámame al intentar salvar sobre la línea, con Chocolatero en la puerta, que servirá para dar pábulo a quienes insinúan una mala relación entre ambos, y otro producto de un disparo desde Matalascañas o sus alrededores, por exceso de vista del mencionado Chocolatero. El castigo inflingido resultó sin duda excesivo.

Arbitraron el siguiente partido Barriguiña y Llámame, con alguna protesta por parte de los contendientes. El tercer tiempo fue micro, de dos cervezas y refresco de cola en total, pues teníamos que despedir por la noche a Sansi.Haz, quien se va a hacer las Américas.


Al socaire de que el campeonato terminará bien entrado este mes, os dejo con una frase de Franz Beckenbauer: “Hubo un año que jugué quince meses”.

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