Como diría el celebérrimo cronista Torrelaveguense: “Tarde nublada y frío moderado a nuestra escalonada llegada al campo”…cubierto, eso sí, ya que, puestos a jugar en modo “training” como dicen los políglotas, no convenía luchar contra los elementos.
Acudimos en masa a la llamada de nuestro Presidente, en horas menos intempestivas que las acostumbradas, 17:00h, al Chamartín Arena. ¿La sugerencia del día?... Llegar con la suficiente antelación para disfrutar de toda la hora de partido. Cinco minutos sobre las cinco, ya había gente suficiente para ensayar la Porto – Musso. Jonás y un servidor nos hicimos pasar por botellines con capucha blanca, Joaquín y Antonio hicieron lo propio con los botellines desencapuchados, y Manolo…bueno, El Califa era el no botellín entre los botellines de portería. Y alguien debe sacar de banda, claro…la técnica de Kosecky a balón parado nos sirvió de acicate.
Primera ejecución (condicionada a que los defensores nos dejásemos bloquear): El Tarao arrastra a su defensor (Jons) y bloquea a un servidor en el segundo palo, mientras Prosinecky remata con maestría en el primero. Ejecución perfecta. Nada que objetar. Gol.
Segunda ejecución (mismo condicionante): Prosinecky arrastra a un servidor y bloquea a Jons en el segundo palo, mientras el Tarao remata con… remata con… remata con cierta elegancia en el primer palo. Ejecución semi-perfecta. El balón salió razonablemente alejado de la zona de gol.
Tercera ejecución (no se habla de condicionantes, pero se le suponen): Cambio de capuchas. Jons arrastra a su defensor (el Tarao) al segundo palo y bloquea al de un servidor (Prosinecky), mientras Súper-Clarita remata con esmero en el primer palo. Ejecución perfecta. Gol. Dos de tres. 66% de efectividad.
Cuarta ejecución: Súper-Clarita arrastra a su defensor (Prosinecky) y bloquea al Tarao en el segundo palo. Super-Clarita cae al suelo. Desorientación generalizada y pérdida de referencia de la jugada. Ejecución ¿?...faltan datos.
Pero no todo iba a ser poner en práctica sobre el terreno de juego la jugada maestra del equipo, que de forma tan brillante tenemos interiorizada a base de botellines. Tras la aparición de Don José María & Company (Rodrigo II), y toda vez que se hizo la luz (por siete euros, eso sí), nos pusimos a practicar nuestro verdadero punto débil: el fútbol.
La distribución de equipos se realizó, con esmero, sobre la base de una cuidadosa selección de componentes, al objeto de conseguir un balance equilibrado de fuerzas sobre el campo: camisetas verdes contra el resto. Por ser un partido calificado por la UEFA como “de alto riesgo”, la seguridad privada del recinto estuvo siempre alerta sobre posibles incidencias. No obstante, alguno decidió acudir escoltado al campo.
El árbitro no hizo acto de presencia, y el partido se distribuyó en dos tiempos de 40 y 10 min respectivamente, con su correspondiente tiempo muerto por desgaste masivo. Las únicas reglas que fue preciso incorporar, por el hecho de ser cuatro jugadores por equipo, fueron las de “Portero-Jugador“ y “Obligación de disparo en el interior del área de traza continua”, que viene siendo la de futbol sala. Que son, éstas, reglas de complicada asimilación, quedó patente durante el partido a base de penaltis, lanzamientos desde el interior de todas las líneas de balonmano, baloncesto, voleibol...
El resultado fue lo de menos, y no merece comentario alguno. Camisetas verdes aventajó en el marcador al combinado tetracolor durante los 40 primeros minutos de juego, gracias en parte a los magistrales pases al hueco que Jons vislumbraba siempre en la banda de Prosinecky. En el intermedio, sesión de lanzamientos de penalti, donde Kosecky hizo alarde de sus cuatro modelos básicos de lanzamiento, Súper-Clarita hizo buena su teoría de que el lanzamiento estilo Panenca no reporta la misma utilidad en futbol sala y frente a porteros que no se mueven, y Juanito se cargó de razones para convertirse en el lanzador oficial del equipo.
Posteriormente, reanudación del partido y nueva victoria para camisetas verdes (entiéndase con absoluta imparcialidad y sin acritud ninguna por parte del narrador). Finalmente, faltando tres minutos, y en el definitivo “quien mete gana” (recuerdo que estamos a setas…), camisetas verdes consiguió un nuevo tanto. Pero nada pudo hacer tras el re-definitivo “quien mete gana” a falta de escasos 15 segundos para el final. En ese momento, Joaquín, en recorrida memorable, la jugada de todos los tiempos, dispara a balón estático (ni siquiera parado) desde el centro del campo y a puerta vacía, consiguiendo la ansiada victoria para el equipo multicolor sobre la bocina. La conocida regla de “en el re-definitivo quien mete gana, jamás aplica la norma de obligación de disparo”…así lo atestiguó. ¡¡JUGOOON!!
En los sextetos cerveciles anduvimos algo menos holgados. Bajo la presidencia del Califa, Kosecky, Prosinecky y un servidor se atrevieron a aventurarse en el Corner’s Clock; irlandés del que algunos “madrileños” afincados laboralmente en la zona ya tenían conocimiento de su existencia. Pintas y sacrilegios con limón revitalizaron nuestro ánimo, despidiéndonos con la promesa de incorporar en el calendario una nueva fecha para disputar nuestro particular “Trofeo de Navidad”.
“Un país habrá llegado al máximo de su civismo cuando en él se puedan celebrar los partidos de fútbol sin árbitros” José Luis Coll
Súper-Clarita
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